Galileanismo

El Galileanismo

El Galileanismo, 1er Corte Epistemológico:

Nacimiento De La Ciencia Moderna

Ideal de la ciencia y ciencia ideal

Lacan plantea que el sujeto del psicoanálisis es  el sujeto de la  ciencia, el  sujeto que la ciencia elide; su tesis  es  que Freud  toma, como objeto de estudio, el sujeto  que la ciencia moderna había dejado de lado para que la ciencia  clásica,  en  la  que  la pureza del alma del experimentador tenía incidencia en el resultado (el ejemplo paradigmático es la alquimia), deviniera ciencia objetiva.

 

A Milner1 esta proposición de Lacan le permite hacer una reflexión epistemológica: dice que esta afirmación es una ecuación que supone un

 

-Axioma del sujeto : hay un sujeto distinto de toda forma de individualidad empírica;

y una

-Hipótesis del sujeto de la ciencia : la ciencia moderna en tanto ciencia y en tanto moderna, determina un modo de constitución del sujeto.

 

Para poder sostener esta ecuación es necesario que Lacan tuviera una teoría de la ciencia, y que pudiera vincular a ella la constitución del  sujeto.  Milner  afirma  que Lacan tiene una teoría de la ciencia, que es “muy completa y no trivial”.

Desde muy pronto2 Lacan postula que si Freud dio  consistencia  al Psicoanálisis fue porque desde el principio lo quiso una ciencia, no un arte.

 

Freud, que había sido alumno de Brentano, no duda en aplicar el rigor de las ciencias de la naturaleza a las enfermedades mentales, hasta entonces consideradas materia de las ciencias humanas.

 

Brentano planteaba que el verdadero método de la  filosofía  es la ciencia natural,  y que el verdadero método de la ciencia natural es la filosofía; decía que había que fundamentar la metafísica en el análisis riguroso de los conceptos empleados y en el estudio de las diversas categorías del lenguaje.

 

Lacan, que asiste a las clases de Koyré3, dice que lo  toma como  guía  para pensar el encaje del psicoanálisis en las ciencias,  y  para relacionar al sujeto  del  psicoanálisis con el sujeto de la ciencia4.

Koyré5, que recibe influencia de Brentano a través de Husserl, se  dedicó  al estudio de la historia y la filosofía de la ciencia; opinaba que resulta imposible separar, en el estudio de la ciencia, los aspectos puramente  científicos  de  los  filosóficos, ya que son interdependientes y están estrechamente ligados. Dice en un Curriculum redactado en 1951: “No se comprende verdaderamente la obra del astrónomo ni la del matemático si no se la ve imbuida del pensamiento del filósofo y del teólogo”, y viceversa, añadiríamos, pues Bachelard dice que nuestro sistema de pensamiento está penetrado por la  aritmética,  que,  por  cierto,  se  constituyó  como ciencia  intuitivamente, siglos  antes  de  que se  formalizase  la  teoría del número6. La cita de Koyré se refiere a Kepler, pero aplica el mismo  principio  a  todos,  desde  los griegos hasta Einstein, y tanto al pensador individual como a la cultura.

Koyré plantea que “en los SS. XVI y  XVII   el  pensamiento  humano,  o  al menos  el  europeo,  sufrió  una  profunda  revolución,  que transformó el marco y los patrones de nuestro pensamiento, de la que la ciencia y filosofía modernas constituyen a la vez la raíz y el fruto”7.

 

Es ésta la revolución de la que nace la ciencia  moderna  y  que  era  necesaria, según Lacan, para que el advenimiento  del psicoanálisis  fuera  posible. Sólo  después de que Galileo planteara que un experimento tenía que dar idénticos resultados a cualquier experimentador que lo ejecutara correctamente, y que Descartes  fundara  en su “cogito” el nacimiento del sujeto moderno, puede ser necesario un saber que  se ocupe de ese sujeto que la  ciencia  intenta suturar sin conseguirlo8: el psicoanálisis.

1 Milner, J.C., “La obra clara” Ed. S. XXI
2 Lacan, J.: “Más allá del principio de realidad” 1936 Escritos 1 Ed.S.XXI
3 Koyré- (1892 – 1964) nace en Rusia y muy joven se traslada a París, donde produce su obra e imparte su enseñanza.
4 Lacan, J.: “La ciencia y la verdad” 1965 Escritos 2 Ed.S.XXI
5 Moltó, A.: “Koyré y la ciencia moderna”
6 Bachelard, G.: “La filosofía del no” 1973 Amorrortu Ed.
7 Koyré, A.: “Del mundo cerrado al universo infinito” pg. 1 Ed. Siglo XXI
8 Lacan, J.: “La ciencia y la verdad” pg. 840 Escritos 2 Ed. S.XXI 1965
 

Es a  la revolución científica a lo que llamamos corte epistemológico . El concepto de corte epistemológico es de Bachelard9, que lo  define  como: esos  puntos en  la  evolución de la ciencia, donde se produce una modificación tan brusca que implica un cambio en la idea misma de ciencia que se daba hasta ese momento.

 

Koyré toma  ese concepto  de Bachelard y lo llama mutación en el intelecto humano; diciendo que,  cuando  cambian  algunas  propuestas  teóricas  fundamentales  en  una rama de la ciencia,  se  produce  una  transformación  intelectual  tan  profunda  que implica  una  revolución en los patrones del pensamiento, y que  ese es  el punto  donde se pueden y se deben estudiar los fundamentos de la nueva ciencia.

 

Lo que Koyré llama patrones de pensamiento y que Bachelard había nombrado idea misma de ciencia  es desarrollado por Kuhn como paradigma epistemológico .

 

Para Kuhn la ciencia se desarrolla dentro de un paradigma –un marco de saber, inconscientemente adoptado-, y lo que no encuentra lugar en ese marco es  rechazado como no científico. Mientras es posible que las preguntas, los  problemas,  y  las anomalías, que se plantea la ciencia, se vayan resolviendo, sin que el paradigma  ni siquiera se manifieste, las teorías se van reajustando en función de las respuestas encontradas.  Esto  es  lo que denomina progreso científico. Cuando las anomalías son excesivas, cuando demasiados problemas se muestran irresolubles, ponen de relieve en duda el propio paradigma, que tendrá que cambiar. Es lo que llama revolución científica,   que  aparece   en Bachelard como corte epistemológico y en Koyré como mutación.

El concepto de paradigma epistemológico es próximo al de episteme  de Foucault,  que lo describe como “la estructura subyacente, que implica un punto de vista”.

 

Vemos como para Kuhn, y lo será también para Popper, la epistemología se convierte en cesura de lo que es o no ciencia, con lo que se aleja de  la  posición  de Koyré para el que la epistemología es el estudio  de los  cambios  en  el pensamiento  que producen una revolución científica10.

 

Koyré  plantea  que cualquier  saber  se desarrolla en un marco y unos patrones de pensamiento,  que caracterizan  un modo de pensar y una visión del mundo de un tiempo y un lugar; y subraya cuan profundos tienen  que  ser  los  cambios  en  el conocimiento para llegar a afectar a  esos   patrones estructurales, pues implican cambiar la  mentalidad de una cultura. Considera que los  motivos  que   producen  el  progreso  o  las revoluciones en las ciencias son  internos  a  las  propias  teorías,  y  no  las  razones prácticas que aduce todo el mundo; nunca es la ingeniería quien  tira  de  la  ciencia,  a pesar  de   las  apariencias:  observando  con  detenimiento,  se  encuentran  siempre razones internas a la ciencia para su progreso. Pone el ejemplo de los cañones, que se inventaron en la edad  media  y  no antes, porque el saber anterior no  lo  hacía  posible, pero sobretodo porque el desarrollo de ese  saber  no  lo  necesitaba;  bromea  aclarando que si hubieran tenido que  ser inventados por  motivos  prácticos  los  hubieran descubierto los romanos; nadie más práctico que ellos.

9 Bachelard, G.: “La formación del espíritu científico”

Tanto Koyré como Bachelard insisten en que es el paradigma racionalista y no el empirista el que subtiende la aparición de la ciencia moderna.

 

Koyré dice en “Estudios galileanos”11 que la experiencia  simple, la  observación  del sentido común, no ha desempeñado ningún papel en el nacimiento de la ciencia moderna, como no haya sido entorpecer su advenimiento. La experimentación, la interrogación metódica de la naturaleza, presupone tanto el lenguaje en el que  se formulan las preguntas, como el que permite interpretar las respuestas; la decisión de emplear ese lenguaje, que será el matemático, corresponde a un cambio de actitud metafísica.

 

Y Bachelard12, que es muy crítico con el empirismo reinante ya  en su tiempo,  dice que entre observación y experimentación no hay continuidad sino ruptura:

 

-la teoría que sustenta la observación es el sentido común, pues no hay observación ateórica, como se pretende para plantear una ciencia sin juicios previos. Decir que un hecho es un hecho es vedarse la investigación de una ley. Basta después ponerle un nombre de raíz griega para que un pleonasmo pase por un concepto científico.

-en cambio la experimentación implica  una pregunta, y una teoría que sustenta esa pregunta. Será menester deformar los conceptos  primitivos,  estudiar  las condiciones de aplicación de esos conceptos, e incorporar las condiciones de aplicación del concepto en  el sentido mismo del  concepto.  Ahí  reside  una  sólida unión entre experiencia y razón.

 

El rechazo de Bachelard al empirismo es sobre todo al de los divulgadores, a un empirismo tan poco serio como para poderlo llamar “pereza mental”.

 

Como ha dicho Soto en numerosas ocasiones  el  empirismo  surge   como respuesta al espiritualismo que la religión  sostiene como límite  a  la  ciencia, e  incluso al idealismo de algún racionalismo. Luego, para los empiristas, las ciencias llamadas humanas, entre ellas el psicoanálisis, suenan a espiritualismo, de ahí su rechazo.

 

Koyré distingue tres periodos en la historia de la ciencia, desde los griegos hasta nuestros días, separados por sendos cortes epistemológicos. Llama  ciencia  moderna  a la que comienza con Galileo y Descartes y termina con Einstein, y ciencia clásica a  la  que comprende desde los griegos hasta ese momento; pero en ocasiones dice que hay que reservar el nombre de ciencia moderna para la ciencia  cuántica posterior  a  Einstein y llamar clásica a la galileana. En ambos  casos  uno  de  los  tres  periodos queda sin nombrar, lo que da cuenta de la dificultad para conceptualizar esos cortes epistemológicos, que son el objeto de su estudio.

 

Koyré llama 1er corte al que acaba con el paradigma en  el que se basaba  el saber que empieza con los griegos y se desarrolla hasta  el  S. XVI, a  pesar de que señala  que hay un cambio de paradigma entre  el saber  anterior a  los  griegos y  el de éstos, donde por primera vez se hizo el trabajo de superar los fenómenos para  dar  una  teoría explicativa acerca del dato observable. Lo que dice es que antes no había teoría y  que donde  no  hay  teoría   no  hay  ciencia   y   que,  por  tanto, ese 1er cambio no puede considerarse un  corte epistemológico, sino  el nacimiento de la episteme13.

 

En otro lugar14 aclara que la ciencia clásica no es preteórica sino una teoría equivocada, y que la presencia de una teoría, aún si es equivocada, demuestra  la presencia de un espíritu científico.

 

Lo  que  Koyré  no hizo  fue  un  estudio  semejante  al del 1er corte para el 2º, y tampoco los epistemólogos posteriores lo han hecho, aun los que han trabajado el nacimiento de la ciencia contemporánea como Popper.

 

Según Koyré se pueden reducir a dos las acciones fundamentales, que permiten definir  la  revolución en los patrones estructurales que media entre la vieja y la nueva  visión del mundo al final del Renacimiento:

10 Soto, M.: “La ciencia antigua: la episteme y la theoría. Un 1er. Equívoco” clase del 12. 12. 09
11 Koyré, A.: “Estudios Galileanos” Ed. Siglo XXI
12 Bachelard, G.: “La formación del espíritu científico”
13 Como hizo Soto en las clases anteriores, llamo “saber antiguo” al anterior a la episteme griega; y tomo el modo habitual de Koyré, que llama “ciencia clásica” a la que va desde los griegos hasta el 1er corte, y “ciencia moderna” a la que se desarrolla desde ahí hasta principios del S. XX, donde Koyré sitúa el corte. A la ciencia posterior a este2º corte la llamaré aquí “ciencia contemporánea”.
14 Koyré, A.: “Estudios de historia del pensamiento científico” Ed. Siglo XXI

-La sustitución de la concepción del mundo como un todo finito y bien ordenado, en el que la estructura espacial incorporaba una jerarquía de perfección y valor, por la de un universo indefinido, o aún infinito, que ya no estaba unido por subordinación natural, sino que se unificaba tan sólo  mediante  la  identidad  de sus leyes y componentes últimos y básicos.

 

-La sustitución de la concepción aristotélica del  espacio (un conjunto diferenciado de lugares intramundanos) por la de la geometría euclidiana  (una extensión esencialmente infinita y homogénea), que, a partir de entonces, pasa a considerarse idéntica al espacio real del mundo.

 

La lectura de la obra de Koyré permite caracterizar la ciencia que surge de la revolución galileo-cartesiana con los siguientes parámetros:

 

-las matemáticas, más que un medio formal de ordenar los hechos, se convierten en la clave misma de la comprensión de la naturaleza;

-se da un desplazamiento importante del conocimiento sensible al intelectual: lo que razonadamente debe ser, aunque la percepción no lo corrobore, será;

-se acaba con el mundo cualitativamente diferenciado anterior;

-en los experimentos se inventa una realidad distinta que la de los sentidos;

-un experimento tiene que dar idénticos resultados a cualquier experimentador;

-se inicia una ruptura entre el mundo que se ofrece a los  sentidos y  el  mundo real, que es el de la ciencia, el de la geometría realizada;

-se termina con la concepción del mundo cerrado, y la corrupción de la  tierra frente al cielo, de la ciencia clásica.

-el cogito excluye a Dios no sólo del mundo de la ciencia, sino de todo el saber, dejando a cargo de la religión la cuestión de la verdad.

 

Lacan plantea ya en 195315 que “el psicoanálisis no puede sostener el estudio del sujeto sin ordenarlo bajo el movimiento que en la ciencia lo elucida”; por tanto, de los parámetros anteriores, los que nos interesan, los  que están  relacionados con  el cambio en el sujeto, son:

-la  aparición del yo producto del cogito

-la exclusión de Dios del mundo de la ciencia,

-la desaparición del animismo

-y que la pureza del alma del estudioso no tiene ninguna importancia para el experimento, que por tanto puede ser hecho por cualquiera que haga la pregunta correcta a la naturaleza.

 

Pero no será sino a partir de los años 64-6516, cuando trabajará el cogito en profundidad para mostrar que el sujeto cartesiano no es un sujeto de la conciencia, del conocimiento, sino un sujeto de la certeza, un sujeto dividido.

 

Se había entendido hasta ese momento que Descartes había  fundado  el  yo,  un sujeto consciente de su existencia  en  la  que  fundamentaba  su  posibilidad  de  saber, pero Lacan muestra como de “pienso  luego  existo”  no  se  sigue  más  saber  que  la propia  existencia  pensante  y  que  Descartes  tiene  que  recurrir  Dios, a un Otro, garante de  la  verdad, que haya  puesto  en él las ideas claras y distintas, para producir un saber17.

 

Es   esa   lectura   de  Descartes   por  Lacan   la   que  muestra   el efecto del cogito imprescindible para el nacimiento del Psicoanálisis, pues, al alcanzar  una certidumbre de saber, el cogito pone también las bases para una psicología basada en la   conciencia,  pero,  a   la vez,  denuncia lo que tiene de privilegiado el momento primero en que se produce, y  muestra cuan  fraudulento resulta  extender  su  privilegio a  los  fenómenos provistos de conciencia, para darles con  él su estatuto18.

 

Freud, en su rigor científico, mantiene la disyunción cartesiana entre saber y verdad, pero descubre un saber que no comporta el menor conocimiento: el saber inconsciente, y una verdad, la del deseo, que retorna al sujeto de la ciencia desde lo reprimido; por eso puede transformarse el “pienso luego existo” de Descartes  en “pienso porque deseo” en Freud.

15 Lacan, J.: “Función y campo de la palabra y el lenguaje” Escritos 1 Ed. S.XXI
16 Lacan, L.: El seminario. Libro 12 “Problemas cruciales para el Psicoanálisis” Inédito
17 Moltó, A.: “Descartes y el sujeto”
18 Lacan, J. :“Posición del inconsciente” 1964 Escritos 2 Ed. S.XXI
 

Milner19 considera que también en Freud –no sólo en Lacan- hay teoría de la ciencia, que ésta es precisamente su rigor, su espíritu científico, el asentimiento que otorga al ideal de la ciencia.

 

Este autor distingue ciencia ideal e ideal de la ciencia, tomando como modelo la distinción freudiana entre yo ideal e Ideal del yo. La ciencia ideal sería aquella que se propondría perfecta y modelo  a  seguir,  cuya  epistemología  tendría  funcionamiento de censura, decidiendo qué es y qué no es ciencia; y el ideal de la ciencia funcionaría como un punto ideal, al modo del punto  ideal  –exterior  o  infinitamente  distante- hacia el que tienden las rectas del plano.

 

La teoría lacaniana de la ciencia, en cambio, no cree en  el ideal de la ciencia  para  el psicoanálisis, dice Milner; la  ciencia  no desempeña  el papel de punto  ideal respecto a la operación analítica, porque, en sentido estricto, no le es exterior, al contrario, ella estructura de manera interna la materia misma de su objeto: el sujeto.

Pero Milner va más allá; así como no hay ideal de la ciencia en lo tocante al psicoanálisis, tampoco existe para él una ciencia ideal. Más aún, Lacan se descubrirá suficientemente seguro como para poder interrogar a la  ciencia: ¿qué  es  una  ciencia que incluya al psicoanálisis? La ciencia misma podría revelarse  la  forma  más consistente (sin contradicción) de una actividad que se llamará el análisis, a la vez diversificada e idéntica a sí misma, en todas las regiones del saber.

 

El psicoanálisis propondría una especie de punto ideal, organizador del campo epistémico, de ese análisis; lejos de consentir al ideal de la ciencia, al psicoanálisis  le  tocaría  construir  para la ciencia un ideal del análisis.

 

Vappereau20 aborda este tema aceptando la  definición  de  ciencia  de  Popper, pero coincide de alguna manera con Milner en cuanto a  que el  psicoanálisis  tendría algo que aportar a la ciencia. Dice Vappereau que el psicoanálisis será el saber que acabará (en el sentido matemático del término) la ciencia.

 

Angeles Moltó

 
19 Milner, J.C., “La obra clara” Ed. S. XXI
20 Vappereau, J.M.: Seminario de Barcelona
Angeles Molto
info@oirpsicoanalisis.com

Oir Praxis Psicoanalítica